Yo Blediano

lunes, 21 de septiembre de 2015

Marketing Despreciativo


Toroldo está asistiendo a unos talleres sobre el fenómeno del marketing despreciativo que comenzó en nuestro tiempo y nos hace llegar este comentario:

Este pensamiento de Nietzsche quizás sea la clave para entender la psicología del marketing despreciativo, viene a decir "el placer al que ningún hombre renuncia, por muy baja que sea su posición en la escala social, es al de ver todavía al alguien por debajo de si, el placer de despreciar".
Este principio aderazado con justificaciones morales y crítica o mofa del comportamiento del cliente sustenta el marketing despreciativo y logra la maravilla de poner arriba al servidor sobre el servido, elevar el ego del personal de la empresa con un sentido de superioridad y cohesionar el grupo.
En el marketing despreciativo el vendedor basa su auto confianza en el desprecio al comprador al que se le ofrecerá una representación teatral de buena disposición, eficacia y servicio y se le manipulará convenientemente con el objetivo de vaciarle el bolsillo o hacerle hacer lo que se desea.
El marketing despreciativo se disfraza de la mejor manera para lograr sus objetivos y lo vemos por doquier revestido de solidaridad, bien común, voluntad de servicio, caridad, paternalismo, amor al prójimo...

Continúa Toroldo diciéndonos que en nuestro siglo se da un caso de marketing despreciativo a nivel comunitario sobre el cliente principal, el turista, al que a voces y a todos los niveles y medios se le trata de especimen de baja calidad, que no gasta un duro, inculto, sexualmente inmoral, borracho, hooligan, desenfrenado y ruidoso vociferante al que incluso los desheredados llaman "turista de peseta". La otra cara de un mítico y anhelado "turista de calidad" adinerado y gastador, sobrio, asexual, enemigo del sol y la playa, ecologista, visitante de iglesias y museos y descubridor de la gastronomía local, es decir, que gaste a manos llenas en restaurantes caros.
El marketing despreciativo se muestra así como instrumento de ingeniería social.

Según Toroldo el marketing despreciativo irá a más en nuestro futuro y aliándose con la defensa de la salud, defendiendo al individuo de sus propios excesos, acabará imponiendo la "dieta obligatoria saludable"

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