La Iluminación 6969

miércoles, 15 de abril de 2015

Juana Coñac - Encaje y Desencaje

Un personaje singular de los varios que en reducido número me he encontrado a lo largo de vida y que merecen ser reseñados como brillos estelares.
Debía su apodo a su condición de homo y de vivir inmerso en coñac, inmersión que creo fue la responsable de llevarlo a la tumba prematuramente. ¿Será verdad que mueren jóvenes los amados de los dioses?
Que lleva a una persona a vivir permanentemente colocada quizás sea la incapacidad de enfrentar la realidad personal o de la vida, Juana Coñac era poco agraciada en manera sobresaliente, o simplemente sea como el incomprensible misterio de que sin motivo alguno a uno le encanten los callos y a otro le produzcan irresistible aversión.
Su jornada de coñac empezaba a las siete de la mañanba en el bar de la esquina de su casa y se prolongaba sin parar hasta que se retiraba a un ritmo que parece que sólo un dios sería capaz de sobrellevar.

Un aparte. Me encuentro en la terraza de un bar escribiendo estas reflexiones y coincidiendo con un alto para fumarme un cigarrillo sale a la calle un hombre joven hablando por teléfono. La peculiaridad reseñable es que tiene la mano metida en el pantalón y se rasca el culo, saca la mano y sigue rascándoselo por fuera, se mete la mano adentro por delante y rasca que rasca. O tiene algún problema, un, tic o la actividad rascadora le ayuda a coordinar la conversación, me inclino por la tercera posibilidad.
Un artículo que acabo de leer en un periódico reprueba las técnicas de venta y el contenido en sí de excursiones en barco que se venden a los turistas. La piedra de escándalo es la promesa de que habrá sexo fácil abordo.
Tanto el que se rascaba las partes en la acera como el sexo consentido entre adultos en un espacio privado no perjudican a nadie pero son cosas que por lo visto se deben reprimir. La constricción de la libertad va mucho más allá del principio de que la libertad de uno termina donde empieza la de los demás.

Volviendo a Juana Coñac. Contrariamente a lo que se podría esperar era una persona perfectamente encajada a nivel personal, familar, laboral y social.
Tranquilo impasible, con colocón inadvertible, de trato afable, bien recibido en todas partes, con apariencia inmutable de estar en estado de gracia permanente, a cualquier cosa que se le decía respondía "i no es guapo aixó". Padre que adoraba y colmaba de atenciones a sus retoños. Con puntualidad suiza acudía a su trabajo que entrañaba complejidad y diligencia y que resolvía con maestría. A la dificultad propia de su labor entrelazaba otra no menos difícil: robar a la empresa ¡cuantos soldados y chaperos no se beneficiaron de ello! y lo hacía con tal arte que se necesitaban años para que saltara la liebre. Una vez despedido, y por lo visto no se podía demostrar el desfalco ya que nunca tuvo problemas, enseguida encontraba el mismo trabajo en otra empresa, hecho que nos ilumina sobre su excelencia laboral.
Juana Coñac estaba libre de vanidad, envidia y demás emociones negativas que hacen que la persona no encaje ni en si misma ni en su entorno y sea una infeliz sufriente a causa de si misma.
No conocía la murmuración, el critiqueo, la inquina hacia sus allegados ni el cotilleo. Follador de diario con caras nuevas y de primera, generalmente bajo aceptable óbolo o billete de ida, jamás le pude sacar que dijera si había estado con tal o cual.
Me destrozó un esquema sobre las motivaciones de la atracción sexual que yo situaba exclusivamente en su focalización en quien está bueno. No hubiese podido imaginar que pudiese gustar a nadie y hete aquí que un día contemplé estupefacto como se besaba apasionadamente con el joven y atractivo dueño de un bar. No podía creer lo que veía y mayor fué mi sorpresa al saber que mantenían una cierta regularidad sexual. La única explicación que se me ocurrió era que Juana Coñac tenía gran polla, que empalmaba sin problemas y clavaba a lo bruto.
El devenir de la vida me deparó sorpresas de igual o mayor calibre, como que heteros paguen a travestis horrorosas, que me hicieron recordar unas sabias palabras al respecto "tot se ven a plaça".
Que Juana Coñac fuese una persona bien encajaba obedecía sin duda a un don natural. El común de la población está desencajado en mayor o menor medida tanto de si mismo como de su entorno y la inmensa mayoría empeora con el paso de los años. Sólo unos pocos logran llegar a formarse un carácter sólido y unas relaciones sanas y constructivas.
Si vives tu día a día y tus experiencias como una oportunidad de disfrute y aprendizaje y perseveras en este camino toda tu vida, encontrarás y disfrutarás del encaje contigo mismo y con tu tribu, a pesar de lo que hagan los demás.
Quizás el don natural de Juana Coñac le permitió atisbar la cara de la Realidad y aterrado se sumergió en coñac para no vislumbrar más las alturas para las que no estaba preparado. 

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