La Iluminación 6969

martes, 28 de marzo de 2017

Pilu, Milu y T. de Tomona en Creator Club


Sigue el relato CreATor Club en Antroom

Pilu, Milu y T. de Tomona (1)

Al sábado siguiente del evento antes narrado Kefalo va al Th2 especialmente para ver actuar a La Consentida de Mónaco de quien es gran admirador.
En el local se encuentra con Milu Perrete, a quien conoce de años. Le comenta el encuentro en el que estaba su ex Pilu Sacussa y los proyectos que tienen. Milu Perrete se interesa también en participar ya que con su ex suelen hacer juntos espectáculos y colaboran dando clases. Ya hemos visto antes que Pilu Sacussa enseña Hechizos de Amor y Milu Perrete enseña el Manual de los Maestros Hechizeros

Haremos aquí un inciso para poner al lector al corriente de la epopeya de esta ex-pareja, que a modo de metáfora podríamos comparar a un viaje por mar que empezó plácidamente, se convirtió en feroz tormenta y retornó a la placidez con la vuelta a la soltería. Un viaje vuelto fatal por el matrimonio para acabar el trayecto en el punto de partida.

Varios años duró su noviazgo durante los cuales no se separaban ni un momento, eran lo que en mallorquín se dice "cul i merda". Uno bebía la felicidad de los ojos del otro. Un arrebato de amor ejemplo y envidia del mundo.
Kefalo gracias a ellos descubrió este fenómeno que hace que las parejas se acaben pareciendo tanto que se confunden con gemelos, fenómeno llamado "pilimilización". Hecho que también se puede observar entre dueño y perro.
Y estos dos seres que parecían sólo uno decidieron ser pioneros en legalizar su situación, algo posible gracias a la nueva legislación al respecto y su consecuencia fue convertir en verdadero el refrán que dice que "el amor sin el matrimonio no está realizado y con el matrimonio está acabado".
Una vez casados se les dejó de ver juntos, cada uno iba por su lado y cuando ya convertidos en "pareja abierta", sincronizaban sus escapadas para no coincidir.
Felices tiempos en que se podía elegir a donde ir. Hoy por hoy, final de marzo, en los días de semana, que yo sepa, no hay una sola discoteca abierta en toda la isla. En sus tiempos, sólo en la zona de Gomila, llegué a contar veintiséis, abiertas 365 días al año.
La relación fue empeorando hasta el punto que salir juntos equivalía a una guerra que se desataba al poco rato de estar en la calle. La conclusión ya la hemos dado al principio.

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